El sector de construcción tiene un problema con los datos que es a la vez obvio y sistemáticamente ignorado: genera enormes cantidades de información en cada proyecto y casi ninguna la usa después. Planos revisados que quedan archivados. Cronogramas de avance que nadie vuelve a analizar. Registros de proveedores y precios que se pierden cuando termina el proyecto. Fotografas de obra que ocupan espacio en algún servidor sin estructura.
Todo eso es información valiosa que, procesada, podría mejorar la precisión del próximo presupuesto, reducir los plazos del siguiente proyecto, o identificar los subcontratistas que sistemáticamente cumplen vs. los que sistemáticamente fallan.
Por qué los datos no se usan
El problema no es que los datos no existan. Es que no están estructurados para ser usados. El cronograma vive en un archivo de MS Project. Los costos en Excel. Las fotos en el teléfono del jefe de obra. Las RFIs en cadenas de email. Cuando el proyecto termina, esa información se fragmenta entre las personas que la tuvieron y no hay forma eficiente de recuperarla y analizarla.
La consecuencia directa es que cada proyecto empieza desde cero. Los errores del proyecto anterior se repiten porque no hay un sistema que los capture y los haga visibles para el equipo del próximo proyecto.
El modelo BIM como repositorio de datos del activo
Un modelo BIM bien construido no es solo geometría. Es una base de datos: cada elemento tiene atributos vinculados. La viga de hormigón tiene su especificación de material, su costo unitario, el subcontratista que la ejecutó y la fecha de vaciado. La ventana tiene su proveedor, su garantía y su precio unitario. Esa información, acumulada a lo largo del proyecto, es un activo de conocimiento.
Cuando el modelo se entrega correctamente actualizado al cliente, éste tiene un gemelo digital del edificio: una representación digital que refleja lo que realmente se construyó y que puede usarse para gestionar la operación, planificar el mantenimiento y evaluar futuras intervenciones.
Datos de construccion para mejorar la próxima construcción
Más allá del activo individual, los datos acumulados en múltiples proyectos son una ventaja competitiva. Una empresa que sabe que sus proyectos residenciales de más de 500 m² sistemáticamente tienen desvíos del 15% en la partida de instalaciones eléctricas puede ajustar sus factores de contingencia con precisión. Una empresa que sabe cuáles son sus proveedores con mejor tasa de cumplimiento de plazo puede construir relaciones más estratégicas con ellos.
Eso es lo que McKinsey llama modelos de negocio basados en datos: usar la información generada en el proceso productivo para mejorar el proceso en el siguiente ciclo. En manufactura, eso es estándar. En construcción, es excepcional.
El primer paso: centralizar antes de analizar
No hace falta empezar con big data ni plataformas de analytics. El primer paso es centralizar la información del proyecto en un lugar único donde sea buscable y referenciable después. Un CDE (Common Data Environment) para la documentación. Un modelo BIM para la información geométrica y de atributos. Un sistema de registro de órdenes de cambio vinculado al modelo.
Esa base, bien construida en un proyecto, empieza a generar datos estructurados que el siguiente proyecto puede aprovechar. La acumulación de esos datos en el tiempo es lo que convierte la experiencia de la empresa de conocimiento tácito (lo que sabe el jefe de obra) a conocimiento explícito (lo que sabe la empresa).
¿Qué sabe tu empresa de sus propios proyectos que no sabe el profesional que los dirigió?
Sobre BIMARG
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